Una situación absurda que nos quita tiempo a todos.

A las 9 de la mañana la mayoría de personas ya llegó a su trabajo. Sin embargo, el tramo entre Arenales y poco más allá de las Palmeras, en Javier Prado Oeste sigue en hora punta. Lo peor de todo es que los carros están vacíos. Es decir, a las 9 de la mañana (y hasta más o menos las 5 de la tarde) la cantidad de personas que necesitan un micro disminuye, pero la cantidad de vehículos es la misma, al punto que llegar desde los Castaños a Arenales puede demorar 40 minutos, sobre todo considerando que los choferes adoran cambiar de carril cada 5 metros, metiendo el carro como les da la gana y parando el tráfico. Ya de por sí es absurdo que una avenida como Javier Prado tenga tantas empresas (cada una con decenas de unidades) que la recorran, pero el sistema está configurado de tal manera que se dan estos absurdos.

La pregunta es:  ¿es necesario que todas la unidades salgan durante estas horas aunque no se llenen? ¿no sería más lógico que en las horas de menos demanda las empresas saquen menos carros y así aligerar el tráfico?

Los comentarios están abiertos.

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Una limosnita…

Yo no suelo soltarle plata a nadie, sobre todo después de una vez que vi a un joven estudiante a la vez trabajador que llevaba chimpunes dorados. Esa vez me puse a pensar en algo que alguna vez me había hecho notar un amigo. Me decía que no era posible que una persona con una necesidad real tuviera los recursos para comprarse zapatillas nuevas, por ejemplo. Me puse a pensar que tal vez se trataba más de un negocio rentable que de una necesidad.

Bueno, esta mañana, un amigo me pasó un mail con un powerpoint sobre el tema. Se los dejo en este link por si les interesa chequearlo.

En resumen, la presentación hace un cálculo aproximado de lo que recauda en promedio un limosnero en cada rojo del semáforo, que dura aproximadamente 30 segundos. Calculando que saca 50 céntimos cada vez que el semáforo se pone en rojo, un limosnero lograría recaudar 30 soles cada hora. Esto es, que trabajando 8 horas diarias, 6 días a la semana (es decir, 48 horas a la semana), se levantaría 1440 soles semanales, que multiplicados por cuatro semanas, dan 5760 soles. Hay incluso que considerar que el mes no tiene cuatro semanas exactas. El powerpoint habla de entre 3000 y 6000 soles al mes.

El negocio, sin embargo, no queda allí. ¿Qué hay de los padres que mandan a sus hijos a pedir en los semáforos? Es decir, los peruanos convivimos con la explotación infantil a diario y en vez de combatirla, la alimentamos con cada moneda que le damos a un niño con la carita pintada de payaso. Es una realidad dura, pero cada vez que, por pena o tal vez por culpa, le damos una moneda a un niño, estamos avalando la explotación de niños que deberían estar en el colegio o, en algunos casos, ayudando a sus papas, pero en tareas honestas.

El mail que me mandaron traía además el comentario de mi amigo, que agrega una arista al problema.

Lo que falta decir aquí es que esos 3000 o 5000 soles no se los lleva solito el mendigo, de ahí tiene que repartir a los policías y serenazgos que lo dejan trabajar, haciéndose de la vista gorda y a los matones que se ocupan de “cuidarle” el territorio. ¿O como explicar que siendo tan rentable el negocio no haya 200 mendigos por semáforo? Si hiciéramos la prueba de ponernos a mendigar en un semáforo de la Javier Prado, es seguro que en menos de 1 hora nos sacan a patadas.

La foto me la robé de este blog, que tiene un pequeño post sobre por qué nunca da limosna.

Transportarse en la Ciudad de los Reyes

Los martes y jueves ayudo a un chico de 5to de primaria con sus cursos del colegio. Vive en Monterrico, en una zona a la que solo el Chama me acerca. De hecho, el micro me deja en un cruce a unas 5 cuadras largas de la casa del niño. Yo vivo en San Isidro, el viaje me toma 1 hora. Una hora metido en una carcacha enana en la que viajo apretado escuchando chichatón QQ cumbia a todo volumen. Dos horas perdidas esos días, contando la ida y el regreso.

El transporte público en Lima no es desordenado. Es caótico, es inadmisible, es un fiel reflejo de la agresividad en el trato al ciudadano. Es un retrato también de la necesidad de personas que sobreviven gracias a su combi y que hacen todo lo que hacen en pos de ganar la mayor cantidad de pasajeros posible. ¿Existe solución? Sí. Lo que falta es voluntad política.

El proyecto del tren eléctrico buscó ser una solución, pero solo es la evidencia de la corrupción del gobierno aprista de Alan García. En fin, un mal recuerdo. Sin embargo, la entrevista a Melissa Grave, a raíz de su artículo “El tren… Fantasma” muestra los gastos de tratar de resucitar a la mole. Si Alan García quiere revindicarse por su desastrozo gobierno ochentero, debería dedicarse a gobernar y no a fumar opio y alucinarse grandilocuencias.

Por otro lado, el muerto Castañeda tiene su proyecto del Metropolitano. Mucho más lógico y eficiente que el Tren, pero lleno de problemas con las concesiones. Por otro lado, intentó sacar de circulación a miles de vehículos, muchos de los cuales siguen operando. Quién no se acuerda de Lidercon.  Y a pesar de que veo que muchos buses son ahora a gas y tienen más espacio, que además se detienen en paraderos y no en cualquier esquina, la mayoría de vehículos siguien siendo custers modificadas para que entre más gente (aunque uno termine sin piernas en sus asientos) o combis que te pretenden cobrar 1.20 de pasaje universitario y que son un peligro público. El gremio de transportistas, además, tiene mucho poder y es difícil tratar con ellos.

Y no basta con poner un Metropolitano, sino con sacar de circulación a todas las combis y custers y reemplazarlas con buses grandes que cubran rutas clave. Yo creo que es mejor un bus grande que pase cada cinco minutos a miles de combis, que crean cuellos de botella como el de Arenales con Javier Prado. Lugares como estos son puntos de contaminación fuertes, además. Y si en hora punta, el bus pasa lleno, caballero nomás, y a aprender a salir a la hora.

Otros análisis sobre la ciudad.

Hans Ruhr – The Sprawl

El Morsa – ¿Qué clase de ciudad es Lima?

Godoy – EN TREN ELECTRICO, ¿SE VIAJA RAPIDO?

Cosas inverosímiles

Hoy tengo la sensación de haber viajado en un medio de transporte decente.

Sucede que esta mañana viajaba en la T, ese bus morado que va de San Juan de Lurigancho a Chorrillos y pasa por Salaverry, y de pronto escucho al cobrador que grita “por si acaso solo paro en paraderos! El próximo es Portillo! Aprovechen!”. ¿Un cobrador anunciando, de hecho, que solo iba a parar en paraderos y para colmo anunciando siempre la siguiente parada para ir avisando a sus pasajeros? Debía estar soñando.

Pero la cereza vino después, cuando un par de paraderos más adelante se produjo la siguiente conversación entre una chica y el cobrador.

– Bajo en la esquina.

– Señorita el paradero es en dos cuadras.

– Le digo que me bajo en la esquina… (como se imaginarán, la chica pegó de gritos, le dijo conchudo, la clásica bronca con el sistema de transportes de este país) … mira lo que me haces caminar!

Fue ahi que el resto de pasajeros intervino, pero no para quejarse del cobrador, sino paraapoyarlo. Llegué a escuchar cosas como “el cobrador está avisando hacer rato señorita” y “camine pues señorita, que es bueno pa su salud”. Feu raro, por primera vez veo lógica en un micro, un cobrador que no se achoró y una pasajera que, seguramente muy malacostumbrada por el mal sistema de transporte que tenemos, tuvo que bajar en el paradero y no en cualquier esquina.

El colegio estatal y el burgomaestre-empresario.

Como comentaba en un post anterior, la educación en este país está basada en el paporreteo y la retención de datos. Eso, en el aspecto académico. Sin embargo hay algo que hay que reconocer: el cole le da a uno una primera identidad. El uniforme (o la falta de uno, como en mi caso) crea un cierto orgullo de pertenecer a un grupo humano en una etapa bastante particular (al menos en secundaria): la adolescencia. La “promo” es la gente con la que uno crece, chupa sus primeros tragos, se emborracha por primera vez, va a los quinces, se afana a las primeras chicas, en fin, hay gran complicidad con la promo. El colegio, más que una institución educativa, es un espacio de socialización controlado. Los niños y adolescentes van al colegio a establecer relaciones sociales tanto entre ellos como con las autoridades. Se trata de un lugar en el que, en teoría, deben aprender cosas útiles, así como a reconocer quiénes son las autoridades y aprender a respetarlas (o a combatirlas).  

Esto lo menciono porque ayer vi en las noticias el enfrentamiento entre la policía y alumnos del colegio “Antenor Orrego” en San Juan de Lurigancho. La razón: la municipalidad había cerrado el colegio porque su infraestructura está al borde del colapso. Me pareció, en cierto sentido, lógico. Sin embargo, como este no es precisamente el país de la lógica, me pareció raro que la municipalidad no haya siquiera intentado resolver el problema durante el vernano. Los alumnos tienen todo el derecho de estar furiosos.

Como esta vez no encuentro foto, les dejo este link para que vean el video, cortesía de Agencia Perú TV.

Esta mañana, leyendo mi reader, encontré una arista bastante interesante, como preocupante, del problema. Reproduzco un pedazo de un post del Jorobado de Notre Dame que lo explica de manera bastante clara.

El problema no es sólo de un colegio que se está cayendo, obviamente. Sino que la Municipalidad de San Juan de Lurigancho –cuyo alcalde es Carlos Burgos de Unidad Nacional—estaría aprovechando la “clausura y reconstrucción” para tomar posesión de una zona dentro del cerco del colegio que no ha sido construida y considerarla de propiedad del municipio (como dice en un cartel que se ha puesto a espaldas del colegio en la avenida Malecón Checa). Para qué? Imagínense: para darle en concesión a Supermercados Totus (cualquier parecido con San Felipe es pura coincidencia?). Otro alcalde de Unidad Nacional buscando hacer negocios con las propiedades públicas, en este caso en desmedro de un centro educativo???

Tal como lo leen. Un alcalde de la onda de Castañeda, ese que pretende arrebatarle a Lima los espacios públicos, conviertiéndolos en autopistas, supermercados o parques en los cuales hay que pagar una entrada que además es cara, solo para ver piletas (que podría ver gratis en cualquier plaza), pretende vender un pedazo de un espacio que debería usarse para la educación. Quién sabe, tal vez el plan maligno es terminar con la educación, cosa que las futuras generaciones no cuestionen la nueva religión: el Consumismo. Total, todos los que pensamos que “Solo ir a Metro, Totus, Eco, Wong, etc., y regresar en taxi a tu casa.” (el morsa) es cualquier cosa menos progreso tenemos mentalidad de bodeguero.

Por eso me uno a la petición del jorobado de no permitir estos atropellos. El Perú, más que inversiones a diestra y siniestra, necesita ciudadanos. Para formar ciudadanos se necesitan espacios públicos. Para formar espacios públicos no se pueden privatizar todos los espacios.

Lima la (ya no tan) Horrible

Es verdad, esta ciudad no es perfecta. Tenemos problemas jodidos de tránsito y de seguridad ciudadana. La policía no sirve, en la mayoría de los casos. La gente sigue teniendo que vivir al lado del cerro. Todos los días vemos noticias de personas que se matan porque no cruzan los puentes peatonales, porque manejan borrachas, porque son atropelladas por un borracho, porque en fin. Básicamente por actitudes irresponsables.

El 24 de diciembre pasado, por ejemplo, un hombre se estrelló contra la reja del edificio de mi tía. El hombre, en evidente estado de ebriedad, gritó de todo a la patrulla de policía que llegó al instante, actuó como un perfecto patán. La policía, que con todo derecho (y deber) podría haberselo llevado. El caso es que los agentes no hicieron nada, es más, lo dejaron ir, borracho en su carro. En cualquier otra ciudad del mundo hubiera sucedido lo siguiente:

1- Insulto por parte del borracho.
2- Advertencia del agente.
3- Segundo insulto por parte del borracho.
4- Agente, que ya hizo advertencia, echa al suelo y esposa al borracho, lo mete en la patrulla y comisaría al menos hasta el día siguiente, con la respectiva demanda por manejar ebrio y confiscación del brevete.

Ahora bien, es verdad que no todos los policías son iguales, y no sucedería en todas las ciudades. Pero creo que sirve como ejemplo de lo mucho que le falta a nuestra Ciudad Capital en materia de seguridad.

Sin embargo, hay que reconocer que Lima está mucho más bonita y habitable que años atrás. Lo noto todos los días. Lima es mucho mejor que antes porque sus habitantes, creo, han empezado nuevamente a creer en ella. La gente pone negocios, hay movida cultural, está cada vez más visitada por extranjeros (aunque sea de paso), hay conciertos, exposiciones, vida nocturna en general, etc. Y eso, creo, se nota en el estado de ánimo. En general la calidad de vida ha mejorado y ahora que se puede, creo que es momento de corregir los errores más pesados, como el tránsito y la seguridad.

Al fondo (siempre) hay sitio

Haciendo uso de su carnet de investigadora de la Biblioteca Nacional, mi enamorada encontró este curioso artículo de Enrique Valls titulado “El Autobús y las Sardinas”. Lo risible es que el mismo fue publicado en Ultima Hora (agarrense) el 7 de julio de 1978… y ya la cosa funcionaba como ahora, casi 30 años después.

Disfrútenlo

El autobús y las sardinas (Enrique Valls)
Ultima Hora, 7 de julio de 1978.

El literario “Tranvía llamado deseo” debía decirse ahora en Lima “una lata de sardinas llamada microbús” y en efecto, todos los inconvenientes del microbús se derivan de si en el fondo estos trastos rodantes – salvo honrosas excepciones – no son sino envases en donde se apila a la gente lo mismo que a las sardinas en una lata de conserva.

El subir a un micro y amontonarse como carga en uno de los tantos que renquean por Lima produce una deshumanización del usuario. El microbusero considera a sus clientes como paquetes. Cuando uno sube a uno de esos folklóricos e inefables vehículos, el conductor o el otro folklórico que cobra gritan: “atrás hay sitio”. No lo hay, pero el sufrido bulto (es decir, el pasajero) gatea sobre las cabezas de los otros pasajeros (es decir, los bultos) hasta que finalmente queda empaquetado convenientemente entre siete u ocho más en un espacio de dos o tres centímetros cuadrados.

Hay que reconocer sin embargo el aporte que los microbuses han hecho en el terreno de la investigación física. En efecto, hay un principio que señala que dos cuerpos no pueden ocupar un mismo lugar en el espacio. Falso. En los micros, siete u ocho cuerpos (o sea, el bulto pasajero), ocupan el sitio de uno solo. Es un descubrimiento de primera magnitud que debería ser incorporado en los textos de física. Se reprocha a los microbuseros que sean así o asá, pero, ¿qué otra actitud van a tomar ante la presencia de tantos bultos en su carro? Los bultos no opinan. Simplemente se les arroja en un sitio, hasta que de un empellón se les deposita en el medio de la pista, en una esquina o encima de un ambulante.

Por eso, yo quiero hoy romper una lanza a favor de los microbuseros. Su deformación profesional les impide darse cuenta de que los usuarios son personas. A fuerza de apiñarlos los han tomado como carga. Yo pienso en que el el día en que lleguen a comprender que no son carga sino personas, la actitud de los dichos caballeros cambiará. Y una buena manera para que cambiaran de ética sería meterlos a todos en un micro, con carga, y llevarlos de Lima a Chorrillos, ida y vuelta. Ya verían entonces ustedes cómo todo iba a arreglarse. No hay como predicar con el ejemplo.

(La foto es mía)