Derecho de Piso (versión refrito)

A las 5 y media de la mañana, Lima es distinta. El guachimán de la esquina, que durante la noche escucha radio en su mini caseta, ahora duerme, siempre vigilante, pues al sentirme pasar se despierta de un sobresalto y me da un saludo. El paradero, generalmente lleno de gente que viene y va, está vacío, pero el micro viene lleno. Viene lleno de otros como yo que empiezan el día laboral bastante temprano. Asumo que se trata de mensajeros, personas que limpian las oficinas, practicantes, etc. Gente esencial para el funcionamiento de la economía, soldados anónimos de las empresas, pero olvidados por el estereotipo del ‘éxito’. 

Cifras, realidades y celulares

 

Considerando que, para empezar, la tasa de desempleo en Lima es de 10% de la PEA, pero que, según estadísticas publicadas por el ministerio de Trabajo, hacia 2006 la PEA ocupada era de 58%, tenemos a una gran cantidad de personas en un limbo. Porque, siendo sinceros, el taxista que trabaja de madrugada no recibe CTS, ni AFP, ni vacaciones, ni nada. E incluso, el hombre que duerme a mi lado en la combi, que bien podría ser el mensajero de una oficina, seguramente no está registrado en planilla y por lo tanto no recibe beneficios de ningún tipo.

La realidad que se ve en la calle es distinta a las grandes estadísticas que el gobierno se esfuerza en hacer notar. El comercio se ha incrementado, es verdad, también lo ha hecho el número de líneas celulares, como ironiza ocraM. A decir verdad, decir que “la penetración de la telefonía móvil en el Perú será similar a la que existe en un país del primer mundo” en un país en el que los servicios básicos no están cubiertos es un saludo a la bandera.

La llamada bonanza sigue tocando a unos pocos privilegiados. Por otro lado, el nivel de vida se ha hecho más caro, pero los salarios se han mantenido iguales. Agreguemos a esta realidad que los precios de los alimentos están en subida, en buena parte porque insistimos en producir biocombuistibles y tendremos más de una razón para reclamar que el ‘chorreo’ no existe. Ahora, que digamos que estamos mejor porque los gerentes ganan más utilidades es otra realidad.

Planillas, informalidad y reclamos al sistema

La empresa en la que tengo que marcar tarjeta a las 6am, por ejemplo, fue visitada por empadronadores del Ministerio de Trabajo el mes pasado. A la semana, el jefe decretó que todos los trabajadores íbamos a pasar a planilla, por lo tanto, recibir beneficios laborales básicos (8 horas de trabajo, CTS, AFP, vacaciones, etc), pero “solo por un mes porque costaría mucho dinero mantenerlos a todos en planilla”, o al menos eso me dijo la secretaria antes de hacerme firmar el papel de la AFP.

Tomo este ejemplo porque de seguro representa la magnitud del asunto: los trabajadores no estamos regularizados y por lo tanto podemos ser sujetos de despidos sin remuneración, horas extra sin compensación, violación del derecho a vacaciones y todo tipo de abusos por parte de los empleadores. Sin embargo ¿qué se puede hacer cuando al final del mes el balance sigue negativo y la renuncia no es una opción?

Algunos toman el camino de la huelga y salen a las calles, asumiendo las consecuencias que ello traiga. En los últimos años, hemos visto a la CGTP, al SUTEP y a los trabajadores de salud, por citar algunos ejemplos, en diversas manifestaciones por distintas razones, generalmente por pagos retrasados o reducciones de salarios.

Un ejemplo concreto se dio el año pasado en la Universidad Agraria: una huelga de docentes por el pago de una homologación que paró por completo el ciclo durante tres meses y obligó a los alumnos a recuperarlo durante los meses de verano del 2008. Sin embargo, para hacer la huelga, primero hay que pertenecer al sindicato. Además, la huelga siempre va a tener gente perjudicada.

Del resto de miembros de la PEA limeña, la mayoría, estoy seguro, seguirá levantándose a las 5am para trabajar, mientras esperan pagar finalmente su eterno derecho de piso en la escala social. Otros ascenderán y podrán llegar a sus oficinas un poco más tarde, a la hora a la que llegan las secretarias. Unos pocos llegarán a jefes y podrán despertarse a las 7, tomar desayuno con tranquilidad, leer el periódico y coger su carro para llegar a las 9. Lamentablemente, el ascender la escala social aún depende de los contactos que se tienen, de la suerte de caer en una empresa debidamente formalizada y sobre todo de hacerse imprescindible. Mientras haya un puñado de personas esperando a ocupar la misma plaza, muchos preferirán aceptar las condiciones con tal de no perder el empleo. Total, chamba es chamba, ¿o no?

 

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