Derecho de piso – una mini crónica de un madrugador

Uno es joven, pero no tanto. Ya no huevea en la Rotonda de Letras, siempre con un pucho. Ahora vive de un lado para el otro, con cursos de facultad, enamorada y poco tiempo entre las distintas actividades (y el pucho le hace estragos). Ya los viernes han dejado de ser días de eterna juerga y se reducen a la película con Pizza Hut frente a la tele, o a la salida a un lugar tranquilo porque al día siguiente hay cosas que hacer o sencillamente porque está agotado del trajín de la semana. Uno es adulto, pero aún no es reconocido del todo, no hasta pagar su derecho de piso.

A las 5 y media de la mañana, Lima es distinta. El guachimán de la esquina, que durante la noche da vueltas mientras fuma un cigarro, escucha radio en su mini caseta o conversa con alguno de los colegas de otra esquina, ahora duerme, siempre vigilante, pues al sentirme pasar se despierta de un sobresalto y me da un saludo. El paradero, generalmente lleno de gente que viene y va, está vacío, pero el micro viene lleno. Viene lleno de otros como yo que empiezan el día laboral bastante temprano. Asumo que se trata de mensajeros, gente que limpia las oficinas, practicantes, etc. Gente esencial para el funcionamiento de la economía, soldados anónimos de las empresas, pero olvidados por el estereotipo del “éxito”. Algunos, estoy seguro, seguirán levantándose a las 5am para trabajar (la gran mayoría). Otros ascenderán y podrán llegar a sus oficinas un poco más tarde, a la hora a la que llegan las secretarias. Unos pocos llegarán a jefes y podrán desapertarse a las 7, tomar desayuno con tranquilidad, leer el periódico y coger su carro para llegar a las 9. Otros, como yo, no sabemos qué será de nuestros horarios, porque nuestro trabajo puede comenzar a las 4, 5, 10, de día, de noche, de boleto y luego dormir dos días seguidos (si se puede).

Lo difícil no es despertarse a las 5, uno se acostumbra. Lo descorcentante es despertarse de noche, pues uno está acostumbrado a dormir de noche y despertar de día. Lo interesante es ver amanecer, aunque sea entre los edificios, y comprobar que en invierno amanece efectivamente más tarde. Es como estar enterado de todo antes que todos. Hace algunas semanas, por ejemplo, mientras para todos el verano era aún fuerte, la neblina madrugadora que pocos conocen anunciaba la llegada del clima más frío. Lo mismo podría decir de la agenda mediática. Mientras los ciudadanos mañaneros leen el periódico con el desayuno, ya devoré algunos de los diarios más leídos, incluyendo el Trome y otros de portadas explícitas y notas inverosímiles. Se trata de un pequeño beneficio del horario.

Anuncios

2 comentarios

  1. Tu primera frase es de cien años de soledad!!!
    Genial!

  2. Ah si? No sabía. Que loco que me lo hagas notar. No pensé en eso cuando lo escribí.

    Gracias por el comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: