Mi primer concierto Unplugged

Tenía 16 años y se me ha quedado grabado en la memoria. Fue el domingo 18 de agosto del 2002, un día antes de empezar clases en la Universidad Católica.

Días antes, unos amigos me habían pedido que tocara el bajo en su banda para un evento que iba a haber cerca de su casa. Tocaban punk, de hecho, covers de 6 voltios e Inyectores, música que para la época escuchaba bastante (sí, tuve mi época punkeke). Durante una semana estuvimos ensayando en casa de uno de ellos, era la primera vez que veía una batería en vivo y en directo, y además podía tocarla: yo estaba alucinado. Tenían todo lo básico para armar una banda, nos pasábamos el día los tres, tocando en la casa, chupando chelas y viendo tele, realmente fueron mi primera banda “en serio”.

Entre las canciones que ensayábamos estaban la popular Wirito, Atahualpa, Nube Triste y hasta la canción del Chavo del 8, por si nos pedían otra. Llegamos a un punto que prácticamente podíamos tocar las canciones con los ojos vendados.

En fin, llegó el domingo. ¡Oh sorpresa! Era UNA GIMKANA DE LA PARROQUIA DEL BARRIO. Una banda tocó antes que nosotros: Pop Rock en español, o sea, covers de Enanitos Verdes, Pedro Suarez Vertis, Los Prisioneros, etc… El lugar estaba lleno de tías cucufatas y sus hijitos modelo (los “chicos problema” se habían quedado en casa, seguramente aburridos de tener que ir a hacerse los cojudos). Pero ya habíamos ensayado durante toda la semana y nada evitó que subamos nomás, y como se dice “a la de Dios”. Dato curioso, el guitarrista de la banda tenía un polo de Bad Religion con una cruz tachada.

Habremos llegado a tocar unas cuatro canciones y media, pero lo que me gustó fue que desde las casas que rodeaban el parque donde estábamos tocando, un montón de chiquillos salieron a escucharnos tocar. Algunos, incluso, empezaron a poguear (para los que no entienden, empujarse entre ellos al ritmo de la música).

“Ese wirito que te robaste, te lo fumaste y te estoneaste” (…) “Trataré de reformarte, chibolo conchatumadre ya te cagaste”. (Wirito – 6 Voltios)

“Me largo y no me importa tu vida, me llega al pincho, estaré lejos de aquí” (Lejos – 6 Voltios) Tras ese primer coro nuestros instrumentos dejaron de sonar.

Nos habían desconectado.

Sin embargo nos decidimos a terminar de tocar la canción y cantar el coro los tres a garganta pelada y señalando a la señora que controlaba el sonido.

Lo siguiente que pasó fue aún más divertido. Una señora horrorizada se subió al escenario en el último coro y trató de empujarnos fuera. Luego se subió un hombre, seguido de un negro de (no miento) metro noventa más o menos. Casi literalmente, nos botaron a patadas de ahí.

Fue tal vez el más significativo acto de rebeldía de mi adolescencia, porque no era contra mis viejos (con los cuales nunca fui realmente rebelde), o en todo caso contra mi familia. Era un acto abierto de rebeldía contra una parte del sistema mismo. La primera vez que subía a un escenario terminó siendo literalmente un buen “unplugged”.

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