El quinto del apocalípsis

Hace calor, es verano, Lima vive amodorrada. Si la otra vez tuve que ir a hacer trámites, una cola de fácil una hora bajo el sol de las 10am y cuando regresé me preguntaron si había ido a la playa. En serio, uno almuerza y lo único que quiere es echarse un descansito, y no de sueño, sino de agotamiento. La modorra, la modorraaaaaaaa, lamodo raaraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa………………. zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

Y no solo el clima está caliente. ¿Qué hay de nuestra queridísima y muy relajada politica peruana? Ayer hubo una marcha civil en contra de la pena de muerte. Como se sabe, la semana pasada nuestro señor presidente Alan “Caballo Loco” García fue “sorprendido” por una masa de manifestantes a favor de la pena de muerte, y muy al estilo Luis XIV abrió las puertas de Palacio y salió al balcón a recibir a sus súbditos (SORPRENDENTEMENTE para cuando llegaron los manifestantes, ya había altoparlantes instalados como para un discurso). ¡Qué majestuoso es el señor García! ¡Y qué innovador para llevar la pena de muerte a referendum! Sobre todo sabiendo que a nadie se le habría ocurrido ser tan democrático.

Digo, dejando de lado a Hitler, Stalin, Castro, Pinochet, Bush y en fin a toda la pandilla, quienes han practicado esta pena amparados o no en la ley, nuestro presidente democrático ha decidido que quiere matar, ¡pero que le den permiso pues!

Y lo más alucinante es que, como me decía mi pata Jorge hace unos días, si lleva a votación popular la decisión de asesinar a alguien sería la segunda persona en 2000 años que lo haría. La primera preguntó simplemente “¿a quien quieren matar, al Nazareno o a Barrabás?” y luego se lavó las manos (literalmente). Claro, por esa época no había un sistema de votación como el de ahora, se decidió en menos de 5 minutos y a gritos, pero sirvió.

Pero a lo que venía es que ayer nadie vio a Luis XIV en su balcón haciendo la promesa de matar a los terroristas (¿y dónde estan?) o a los violadores de niños (en mi opinión una buena cortada de huevos serviría… no, mentira, esa gente lo que necesita a gritos es un psiquiatra, seguramente a todos se los violaron de chibolos). Ayer, aunque no estuve presente por culpa de un maldito iPod que se me malogró y que tuve que llevar a Polvos Rosados, los botaron a patadas de la plaza y les cerraron la entrada. No sé realmente qué pasó porque los medios lo pasaron totalmente por alto. Lo único que he visto es una muy pequeña fotonota en Perú21 junto a la columna del director, y otra en La República. Ambas resaltan el hecho de que la PNP cumplió con la orden de evitar manifestaciones en la Plaza de Armas (¿y que les pasó la semana pasada?).

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